La relación entre hermanos es algo mágico y muy fuerte: un vínculo inquebrantable de complicidad, felicidad y amor.

Crecer juntos es el secreto de la complicidad.

Cuando somos pequeños preferimos jugar con otros amigos o amigas en vez de jugar con nuestros hermanos o hermanas, conformen pasan los años las cosas cambian, normalmente se convierten en nuestros cómplices, nos asesorarán sobre nuestro primer amor, con las cosas que podemos decir o no a mamá y papá, etc… Es cuando la vida se convierte en un maravilloso juego de equipo, a medida que vamos creciendo este hermoso vínculo se hace más y más fuerte.

Otros familiares nos ven dar los primeros pasos y nos acompañan en cada meta de nuestras vidas, pero sólo un hermano de sangre es capaz de entender nuestro punto de vista, ellos se identifican con nosotros y nos aconsejan en los momentos más difíciles.

Una presencia constante.

El aspecto más valioso de este enlace es que con los hermanos o hermanas no tenemos ningún temor o vergüenza por cada experiencia, son el hombro para cada una de nuestras lágrimas en el amor, en la alegría y en la tristeza. Esto ocurrirá siempre incluso cuando vivamos alejados de ellos, siempre estarán ahí y siempre sin esperar nada a cambio.

Claro que no siempre será un camino de rosas, siempre podrán existir peleas y malos entendidos entre nosotros pero siempre será una reconciliación más fácil que con otra persona… Existe tanta complicidad que no se necesita hablar para hacer las paces, con sólo una mirada o un movimiento de cabeza y todo volverá a ser como antes.

Para terminar este tributo a los hermanos decirte que en el caso de que no los tengas no debes ponerte triste ya que seguro que alguna de tus amistades cumple a la perfección esta función, amistades tan sinceras y valiosas como las que se forman cada día en Liruch.

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