¡BAILA! como si nadie te viera, ¡CANTA! como si nadie te escuchara, ¡AMA! como si nunca fueran a hacerte daño ¡VIVE! como si fuera el único día que  tuvieras.

Había una vez una chica llamada María que siempre había sido muy tímida y reservada. Nunca se atrevía a bailar o cantar en público, siempre tenía miedo de ser juzgada o rechazada por los demás. Un día, María decidió que había llegado el momento de salir de su zona de confort y comenzar a vivir la vida al máximo.

Así que, sin miedo a lo que los demás pudieran pensar, María comenzó a bailar como si nadie la estuviera viendo. Se movía con gracia y libertad, sin preocuparse por lo que los demás pudieran decir. Luego, comenzó a cantar como si nadie la estuviera escuchando, dejándose llevar por la música y la emoción del momento.

Pero lo más importante de todo fue cuando María decidió amar a los demás como si nunca fueran a hacerle daño. Aprendió a dar sin esperar nada a cambio y a ser amable y compasiva con todos los que se cruzaban en su camino. Y finalmente, María decidió vivir cada día como si fuera el único que tuviera, disfrutando de cada momento y no dejando pasar la oportunidad de hacer lo que le apasionaba.

Con el tiempo, María se convirtió en una persona más segura y feliz, y aprendió la valiosa lección de que no hay nada más importante que vivir la vida al máximo, sin preocuparse por lo que los demás puedan pensar o decir.

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