Aunque las palabras “dependencia emocional” nos suenan como a algo muy malo, todos podemos saber lo que es, porque la hemos vivido.

La primera relación de dependencia emocional que hemos tenido todos se ha dado con la persona que nos cuidaba y daba afecto cuando éramos pequeños. Es lo que se puede llamar nuestra primera figura de apego. Esa dependencia es algo natural. De cómo se haya desarrollado ese primer vínculo, depende el cómo vamos a establecer relaciones en la etapa adulta.

Según la teoría del apego del psiquiatra John Bowly, dependiendo de cómo nos relacionáramos con nuestros cuidadores, habremos aprendido a establecer vínculos con diferentes patrones de comportamiento. Así, si el lazo fue bueno, hablaríamos de un apego seguro. Si el vínculo generaba ansiedad porque cabía la posibilidad, desde el punto de vista del niño, de que el vínculo se rompiera, sería apego ansioso/ambivalente. Esto es lo que nos puede llevar a la dependencia emocional. Otros estilos de apego serían el evitativo y el desorganizado.
En qué consiste la dependencia emocional:

Podemos decir que, en cierto modo, las relaciones de dependencia nos retrotraen a esos primeros vínculos de apego, y tratamos de cubrir las mismas necesidades de aprobación y amor, de forma asimétrica, en que el otro está “por encima”.
Idealización:

Miramos hacia otro lado con los posibles defectos de la otra persona y se ensalzan sus virtudes. Esto nos sirve para justificar la dependencia.
Ansiedad ante la separación:

No solamente hacia una posible ruptura, sino también ante la separación física. Debido a que la autoimagen depende de la otra persona, la ausencia de esta es una causa importante de malestar. Puede ser porque la propia imagen sea confusa o negativa. La sensación deno poder vivir sin la otra persona
  es un síntoma claro de dependencia emocional.
Priorizar al otro:

Cuando existe dependencia emocional, la relación se convierte en algo asimétrico, en que uno siempre se pliega a los deseos y preferencias del otro, en lo importante y en las cosas nimias.
Cómo evitar la dependencia emocional:

Ante una relación de dependencia, transformar el vínculo en una relación sana no es una tarea fácil. En algunas ocasiones, la otra persona también está cómoda con este tipo de relación y va a mostrar resistencia a que cambie. En otras, va a tratar de ayudarte.

Cuida tu autoestima. Busca cosas que te hacen sentirte bien contigo.

Realiza actividades que te gusten a tí. Aunque no esté la otra persona.

Busca otros referentes. Refuerza las relaciones con gente de la que no estés dependiendo emocionalmente.

Esto no significa distanciarse o enfriar la relación. Es cultivar el espacio propio donde se agarra esa dependencia. Es eliminar el miedo de la ecuación, y donde no hay miedo, puede haber más amor.

 

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