A veces desearíamos vivir un amor de película, eterno e intenso, pero ¿es eso posible?

Desde pequeños estamos acostumbrados a escuchar cuentos y ver películas donde, la mayoría de las veces, los protagonistas acaban juntos. Aunque no suele haber un segundo capítulo para verificar hasta cuándo, vivimos en una sociedad en la que el amor eterno es un ideal en nuestras vidas. La búsqueda de la felicidad resulta entonces, la búsqueda de una pareja que nos acompañe a lo largo de nuestro años. Sin embargo nadie nos asegura que vayamos a comer perdices para siempre.

El enamoramiento, tal y como lo conocemos hoy en día, se caracteriza por una serie de respuestas fisiológicas que nos llevan a un estado de ánimo concreto y más o menos general para cada uno. Desde Ciencia Popular, en Medicina y Salud (http://www.cienciapopular.com/medicina-y-salud/el-enamoramiento) hablan de ”pérdida de sueño y apetito; hiperactividad; subida de la presión arterial; aumento de la capacidad muscular […] así como una subida de la producción de adrenalina y noradrenalina”. Aunque, sin duda, el componente estrella es la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los sistemas de recompensa), así como un aumento la oxitocina (responsable del deseo sexual). En conclusión: uno siente que camina por nubes de algodón.

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Sin embargo, ¿es físicamente posible que nuestro cuerpo viva con estos cambios toda la vida?

Esta cuestión ha sido investigada y se han obtenido distintas conclusiones. Desde la Universidad de Pisa, Italia, apostaban por un plazo máximo de cuatro años, pero otras investigaciones han demostrado que se produce en un intervalo desde un mes hasta dieciocho meses. Probablemente sea un sentimiento demasiado complejo para cuantificarlo de una forma tan concreta; lo que esta claro es que esta pasión incontrolable tiene fin. Y entonces, ¿después? ¿Se acabó?

Desde la Universidad de Harvard nos confirman que no. Una vez que ponemos los pies en la tierra, entran en juego dos elementos fundamentales: la empatía y la confianza. No se trata de querer lo mismo e ir en la misma dirección, sino de respetar y entender los deseos de la otra persona y convivir con ellos. Abrir los ojos por completo, en lo bueno y lo malo, y aún así querer todo aquello que se nos ofrece.

Se comienza a compartir la vida juntos en lo que vamos conociendo más a la otra persona así como a nosotros mismos. El enamoramiento y la pasión se convierten en un crecimiento conjunto potenciando lo mejor del otro y ayudando a superar aquello que no nos gusta. La convivencia requiere de ese esfuerzo por hacer de cada día algo diferente, de mantener viva la ilusión de disfrutar con alguien todo lo que nos regala esta vida.

 

 

Al fin y al cabo el amor resulta un tipo de energía y esta, ni se crea ni se destruye: solo se transforma.

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