Mirando al Mediterráneo se encuentra Menorca, la “isla tranquila”. Este paraíso de biorritmos serenos está decorado por paisajes naturales vírgenes, por pintorescos pueblos marineros y por playas ycalas
, recónditas entre pinares o barrancos, de arena blanquísima y aguas cristalinas donde disfrutarás de un chapuzón, de todo tipo de actividades náuticas y de atardeceres épicos. De norte a sur, la costa de Menorca está recorrida por calas impresionantes. Hacemos un recorrido por las calas más bonitas de Menorca.
Menorca: calas con encanto en la “isla tranquila”

Al sur de la isla, entre bosques de pinos, se encuentra Turqueta. Es una cala virgen cubierta por mantos de finísima arena y bañada por aguas color turquesa, de ahí su nombre. Para llegar a este pequeño paraíso hay que caminar diez minutos, pero, una vez allí, comprobarás que merece la pena. Tiene baños, socorrista y un chiringuito donde podrás refrescarte. El único inconveniente es que es muy turística y los barcos que salen del puerto de Ciutadella desembarcan numerosos turistas.

Macarella, también en el sur, es digna competidora de Turqueta. Sus aguas color turquesa, que contrastan con el verdor de los pinos, permiten darse un cálido chapuzón mediterráneo y al desnudo, porque es una de las playas naturistas de la isla. Los laterales de la cala están cubiertos por pequeñas matas de posidonia y algas, hogar de varias especies marinas, y los fondos del extremo oriental están recorridos por grutas y cavidades. Ambos son perfectos para realizar snorkel o submarinismo.

Pregonda, en el norte, es una de las calas más pintorescas y bellas de la isla, no en vano ha sido portada de los discos de Mike Oldfield. Sus arenas rojizas y el aspecto de su roquedo, que recuerda a Marte, contrastan con el intenso azul de sus aguas. Está un poco alejada y se accede a ellas a través del Camí del Cavalls, una red ancestral de senderos que rodea la isla. En los laterales de la cala puedes bucear para ver las especies de sus fondos.

Cavallería está protegida por vertiginosos acantilados de hasta 80 metros de altitud, es amplia, tiene una singular forma de concha y un sistema dunar, al que se le suma valor su arcilla. Quienes la visitan aprovechan para disfrutar de los beneficios de estos lodos.

Son Saura es una de esas calas vírgenes que ilustran las postales más bellas. Está enmarcada por vegetación mediterránea y cubierta por mantos de arena con posidonia oceánica, lo que le confiere más singularidad. Aquí reina la tranquilidad, discretamente interrumpida por el suave oleaje. Cerca encontrarás un humedal con tortugas y un buen número de aves acuáticas.

Este puñado de calas menorquinas constituyen la mejor carta de presentación de la isla. Ya tienes unas cuantas razones, y poderosas, para escaparte a este paraíso mediterráneo.

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